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Desde
sus inicios profesionales, este arquitecto reusense (1878-1938) se
convirtió en discípulo y colaborador de un ilustre paisano suyo: Antoni
Gaudí. Esta dedicación casi exclusiva provocó que se resintiesen los
proyectos individuales de Sugranyes, muchos de los cuales quedaron
inéditos. El chalet Voramar de Salou (1918) es una obra que sí llegó a
realizarse. Es un espléndido edificio que evidencia el enorme talento de
Sugranyes, lo que otorga aún más mérito a su labor sacrificada a favor
de la obra gaudiniana. Sugranyes llevó de la dirección de las obras de
la Sagrada Familia tras la muerte de Gaudí en 1926.
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Si éste sólo pudo ver
finalizada una de las torres de la fachada del Nacimiento, Sugranyes
consiguió levantar tres más. Terminó su trayectoria en el Vallès
Oriental, siendo arquitecto municipal en Mollet. Contribuyó a la
ordenación urbanística de esta población y dejó constancia de su
talento con diferentes construcciones modernistas. |